Negociar con tu banco es un arte. Aprende cómo.

Tenemos que cambiar la perspectiva de que el banco hace negocios con nosotros, es decir, a costa nuestra. Cambiar la naturaleza del vínculo. Debemos comenzar a ahorrar en nuestra relación con los bancos. Y eso pasa principalmente por una estrategia negociadora. 

Resulta importante para nuestra salud financiera establecer con claridad la relación con nuestro Banco: una fuente de crédito y una oportunidad de ahorro constante. ¿Esto significa que debemos ocuparnos más de nuestros documentos bancarios? ¿No era que le pagábamos al banco por esto? Cuidar más de nuestro dinero significa aprender a leer (los documentos que el banco redacta y nos envía) y a escribir (reclamaciones y propuestas para mejorar la rentabilidad de nuestro dinero). La educación financiera sobre nuestra economía familiar debe  dar un pequeño salto: es tan importante garantizar nuestros ingresos, como gestionarlos correctamente.

Cuando vamos al banco a hacer alguna consulta para mejorar las condiciones de nuestros pagos, la respuesta de la entidad suele ser No se puede. ¿Y la gente qué hace? Da media vuelta y se va refunfuñando a casa. Mala estrategia. Por ahí debemos empezar

¿Y qué estrategia es conveniente?

Antes de ir al banco, hay que hacer un pequeño trabajo de escritorio que nos empoderará y nos dará munición negociadora. Y, sobre todo, le mostrará a la entidad que hemos empezado a descubrir, en temas de dinero, quién tiene más frágil el Talón de Aquiles. Es necesario elaborar, antes de visitar nuestra oficina bancaria, una lista con todos los servicios y productos que tenemos contratados: descubriremos, para empezar, que son más de los que recordábamos. Y todos esos servicios y productos, evidentemente, le generan una ganancia al banco. Ganancia que nos podemos llevar a otro banco.

A esta lista debemos ponerle números y fechas. Los números representarán cuánto nos cuesta, por ejemplo, el seguro del coche al año; el seguro de la casa al año. Domiciliaciones, recibos, planes de pensiones, nóminas… ¡Nóminas! Nuestro banco siente un descomunal apetito por las nóminas. Y nosotros, aburridamente y sin imaginación, año tras año, seguimos manteniéndolas en el mismo lugar sin que nos premien ni compensen por ello.

Si tanto quiere el Banco nuestras nóminas -la entidad financiera da a la nómina la puntuación más alta, el porcentaje más elevado en la lista de bonificaciones-, que nos mimen financieramente por ella, o ellas, porque a veces cada economía familiar pone dos. Recuerda que no tienes ninguna obligación legal de tener la nomina siempre en el mismo banco.

Las fechas también son importantes: las fechas de caducidad de los productos contratados nos permiten saber cuándo podemos mover esos productos a otro banco. Si cambiamos, en un arrebato de ira -la ira juega a favor del otro, siempre- todos nuestros productos a otro banco, le estamos regalando meses de permanencia y penalizaciones varias. Hay que mirar cuándo toca cada jugada. Hacer un calendario de posibles bajas. Entonces estaremos listos para ir a negociar.

¿Empezamos a negociar mejores condiciones para tu dinero?

Por supuesto, todo esto parece pura teoría… pero puedes hacer una prueba para comprobar su veracidad y utilidad. Pásate por cualquier banco distinto al tuyo y pregunta por ofertas si cambias tu nómina -o pensión, o paro- a este nuevo banco. Que te hagan una oferta por escrito. Y con esa oferta, pásate por tu entidad bancaria habitual, pon la oferta encima de la mesa – sin mencionarla, sin mirarla siquiera: verás como el comercial la observa de reojo y se da por enterado- y pide una mejora en tus condiciones, o una reducción de costes, pero sin pasarse: que te quiten las comisiones por descubierto, que te cobren menos o no te cobren por los gastos de mantenimiento de la cuenta corriente: observa el efecto de tu primera negociación.

Poner la oferta de otro banco para llevarnos la nómina es como colocar un palo o una zanahoria sobre la mesa de negociación. En ese momento podrás comprobar la tensión emocional que genera en el Otro tu recientemente adquirida capacidad negociadora para cuidar tu dinero. Ahí esta la clave.

Cuando te hagan una oferta, siempre dí que vas a pensarlo y vuelve a c asa a hacer números. O llámanos para comentar la jugada.

El arte de negociar con tu banco tiene algunos trucos y varios secretos. Uno de ellos, el aparentemente más complejo, en realidad no resulta difícil: saber qué están pensando el Banco cuando negocia contigo. Es fundamental saber qué van a responder a tu propuesta. Y como en cualquier partida de ajedrez, es indispensable adelantarse a la jugada del adversario. Y para ti, será muy fácil: basta con echarle un vistazo a la web de tu banco, tomar nota de las ofertas de servicios y productos de la semana y seleccionar la información sobre el cual vas a preguntar o negociar. Así  sabrás qué contestará el comercial de turno sobre el producto que consultes. Él pensará: resuelvo un problema con el cliente y, de paso, me hago con el bonus de la semana. Podemos hacer que la codicia del Otro juegue a favor de tu dinero.

Por supuesto, hay muchos elementos que juegan en una negociación. Son las fichas que debes tener en cuenta para empezar a cuidar activamente de tu economía familiar.

¿Quieres empezar a negociar con tu Banco?

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