¡Tenemos, pues, una habitación libre en casa!

O necesitamos tenerla. Da igual. Si estamos pagando la hipoteca y nos quedamos sin empleo y se va acabando el paro, debemos recordar que una forma de completar la mensualidad hipotecaria podría ser alquilar una habitación. Pero, y si alquilamos la casa donde vivimos, ¿podemos realquilar?

El espacio familiar, como la economía doméstica, requieren de constantes ajustes cada cierto tiempo: un hijo o hija que se va a la universidad (o su propia casa), una pérdida de empleo o la necesidad de aumentar nuestros ahorros para dentro de un año o dos. Reajustes y oportunidades: de eso estamos hablando.

Es perfectamente legal que el inquilino subarrienda o alquile parcialmente un piso, siempre y cuando cuente con el consentimiento previo del propietario. Y siempre será mejor que se indique expresamente en el contrato de alquiler. Pero, ¿y si no está incluido en el contrato de alquiler?

Como decíamos al principio, las situaciones cambian, y cambia también nuestra economía doméstica. Podemos trabajar estupendamente, llegar temprano todos los días (y salir tarde muchos días). Y aún así, podemos irnos a la calle por reducción de plantilla. Si cambian nuestras condiciones económicas, debemos pensar en adecuar nuestros contratos a nuestras nuevas condiciones. 

Los bancos lo hacen constantemente cuando quieren evitarse los gastos de una novación, o nuevas condiciones en el contrato. ¿Por qué no vas a hacerlo tú?

¿Cambiamos de casa? Nooo. ¿Cambiamos de contrato? Tampoco. Hacemos un anexo al contrato incluyendo las nuevas condiciones, y debe estar fechado y firmado por ambas partes. Si lo llevas a la inmobiliaria, hará los cambios… por 80 euros, como mínimo (y creo recordar que no estás para muchas alegrías financieras). Hazlo tú mismo. Pero antes debes hablar con el casero. 

El casero dirá que no. Siempre debes contar con el no inicial. Y aquí empieza tu línea argumental.

¿No recuerda tu casero que has sido un inquilino ejemplar? Proponle un cambio para superar juntos el bache. Por un año, solamente. Explícale que es más complicado denunciar el contrato, buscar nuevo inquilino, cambiar la titularidad de los servicios otra vez, mudanza de entrada y de salida, alborotar a los vecinos de la comunidad… mejor, una hoja anexa al contrato original. Y cuando vuelva a cambiar a mejor tu situación, quitas esa hoja anexa del contrato y vuelven a las condiciones iniciales. Los bancos lo hacen constantemente cuando quieren evitarse los gastos de una novación, o nuevas condiciones en el contrato. ¿Por qué no vas a hacerlo tú?

¿Qué es un anexo?

Agregas una hoja en blanco al contrato, grapándola, y en ella expones los cambios de la situación. A partir de tal fecha, el inquilino y el casero acuerdan que la pieza de la casa, situada (explicar su localización) pueda ser subarrendada por tanto tiempo y por tanto dinero. En fecha y lugar tal, firman el acuerdo. Eso es un anexo.

Tu casero ha dicho que sí. Con dudas, pero sí. Adelante. Busca a alguien para la habitación. Aquí empieza la segunda parte. Ahora eres inquilino, y casi casero. ¿Qué dice la ley? Recuerda que no puedes alquilar todo el inmueble porque entonces es una  cesión de contrato. Recuerda también que ni el precio ni la duración del subarriendo pueden exceder al contrato original. 

¿Y si somos el casero y nos realquilan la vivienda, o una parte de ella, sin avisarnos? En ese caso debes enviar un requerimiento inmediatamente por burofax (desde la oficina de correos más cercana te ayudarán a enviarlo) explicando que esa es una razón más que suficiente para  resolver el contrato y que puedes llegar hasta la demanda judicial reclamando daños y perjuicios. 

¿Necesitas que nuestra asociación de consumidores te acompañe en esta fase nueva de tu alquiler, o contarnos tu caso?

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