Se acaba la Pandemia. ¿Volveremos a alquilar?

 La ley cambia, y no siempre nos enteramos. Por eso es previsible que incluyamos cláusulas que están desfasadas o qué agregamos por simple desconocimiento. Pero suelen ser constantes en los contratos, y en muchos casos contrarios a ley.

El 20 por ciento de la población española vive de alquiler. Y aunque en Aragón se espera con ansiedad el mes de febrero para acceder a las ayudas de alquiler, los tiempos del mercado del alquiler suelen tener, como las estaciones del Metro o del tren, meses con características específicas que traen ofertas, carencias, subidas o gangas.

Las gangas, por ejemplo, empiezan cuando los más previsores, a principios de abril, empiezan a  buscar los pisos para los futuros estudiantes universitarios que no han accedido a los pisos de los Colegios mayores. Los contratos con los estudiantes son los chollos para muchos caseros que así se aseguran un pago mensual reduciendo el umbral de incertidumbre. Buscar piso para estudiantes en julio o agosto resulta una empresa temeraria pues los mejores pisos están ya negociados y los pocos que quedan estiran el precio ante la menguada oferta y la desesperada demanda.

Habitualmente, es la inmobiliaria la que se hace cargo de la redacción del contrato. Y de cobrar los ochenta euros por la faena. Resulta más fácil acercarse a alguna de las oficinas de vivienda del Gobierno de cada Comunidad y pedir un modelo para rellenar o, dentro de la asesoría jurídica del seguro de hogar (que ya está pagada) pedir un modelo de contrato de alquiler especificando lo que queremos y lo que no queremos incluir.

Las cláusulas abusivas

Las razones pactadas por las que se resuelve o termina un contrato pueden ser tanto razones obvias -impago de la renta, altercados con los vecinos, destrozo de la vivienda- como todas aquellas que puede incluir el casero según sus preferencias: incluir o no mascotas (especificando incluso el tamaño), o si se permiten o no fumadores (por el olor que se impregna en los muebles y las cortinas). Mejor, en el contrato, es prevenir qué lamentar.

Hay que especificar qué lo abusivo o incorrecto legalmente está determinado desde la Ley de Arrendamientos Urbanos, la famosa LAU, puesta en vigor en 2013. Una de las cláusulas más frecuentes que se incluyen en los contratos es que el casero puede entrar en la vivienda. Esto es completamente ilegal. El artículo 18.2 de la Constitución nos recuerda que el domicilio es inviolable. De hecho, la ley permite que una vez instalado el inquilino en la vivienda, podamos cambiar la cerradura y poner una nueva sin darle la llave al propietario, que solo puede entrar en la vivienda con nuestra autorización. Eso sí, un día antes de irnos de la vivienda, deberemos volver a colocar la cerradura antigua y entregar la vivienda con su cerradura y llave original.

Otra de las madres de todas las batallas entre caseros e inquilinos es la distribución de los gastos. Quién paga qué. La Ley de Arrendamientos Urbanos especifica que, en cuanto a los gastos y reparaciones, el inquilino debe hacerse cargo  de las averías causadas por el mal uso y por los gastos de consumo de la vivienda, mientras que el propietario debe responsabilizarse de los desperfectos causados por el paso del tiempo y el uso habitual.

Precisamente por eso, no debe redactarse ni firmarse un contrato donde se especifique que el inquilino debe encargarse de todos los arreglos, averías o gastos, porque en una de esas hasta nos pueden colar el IBI de la vivienda. Por regla general, el IBI, el impuesto de Bienes inmuebles,  la Comunidad de vecinos, las basuras, el seguro de la casa, el mantenimiento de la caldera, por ejemplo, son responsabilidad del casero, mientras que el inquilino debe pagar todo lo que se puede medir con contadores individuales, como el agua y la luz, el teléfono y el gas, por ejemplo.

Recomendaciones

Una vez firmado el contrato, como inquilinos somos responsables de la casa. Por eso es recomendable hacer fotos con el móvil de todas las habitaciones y muebles para verificar el estado en general de la vivienda. Especialmente los arañones en el mobiliario de cocina, agujeros en la pared, manchas en el parquet y todo aquello que descubramos a tiempo y no se vuelva un problema que afecte a la devolución de la fianza una vez terminado el contrato.

Otro aspecto que debe incluirse en el contrato para evitar alterar el frágil equilibrio emocional entre casero e inquilino que a veces se deteriora solo con el paso del tiempo, es un inventario de lo que se recibe con la vivienda: electrodomésticos, alfombras, cuadros, sillas, y la vajilla, que no debe contarse individualmente sino incluirse como un todo.

Una vez firmado, el casero debe llevar el contrato al área de vivienda del gobierno autonómico para que sea sellado y estemos seguros que la fianza ha sido depositada -y con los datos, no personales pero si registrando los metros cuadrados, la zona y el precio se elaboran los cuadros de Zonas Tensionadas de alquiler en España, que aparecerán en la inminente Ley de alquiler.

¿Y sí, a lo largo de los años, cambiamos de opinión sobre algunos gastos o reparaciones o algún aspecto no contemplado en el contrato? No es necesario hace un nuevo contrato, basta con hacer un anexo consignándose los cambios acordados, fechando y firmando la nueva o nuevas cláusulas.

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